Dormir poco te hace gordo y pobre, averigua por qué


Cuántas veces nos han dicho que debemos dormir bien, descansar lo suficiente, que no debemos desvelarnos mucho, que nuestro cuerpo necesita determinadas horas de sueño para retomar fuerzas y para que tengamos mejor ánimo. Pero, ¿te has preguntado qué beneficios puedes obtener si realmente duermes bien y profundo por las noches? O, ¿has pensado qué sucede en tu organismo si no tienes un buen descanso constantemente? Los siguientes cuatro puntos son razones suficientes para que te propongas dormir más y mejor:

1. Dormir poco nos hace engordar
De acuerdo con un estudio de la Universidad de Chicago, mientras hacemos una dieta para adelgazar, dormir durante toda la noche hace que se pierda más cantidad de grasa. Concretamente, si reducimos nuestro sueño a sólo 5.5 horas, perdemos el mismo peso que tras un sueño de 8.5 horas, pero la quema de grasas se reduce a la mitad. Las diferencias se deben a que, cuando se restringe el sueño, aumentan los niveles de grelina, una hormona que estimula el hambre y reduce el gasto energético, además de “promover la retención de grasas”, según explica Plamen Penev, director del estudio. Así que si tu objetivo es perder grasa, saltarte horas de sueño es como pinchar las ruedas de tu bicicleta durante el Tour de France.

La alteración de los ritmos circadianos, especialmente en la infancia, podría favorecer la aparición del sobrepeso. Y a la inversa: la obesidad incrementa el riesgo de sufrir trastornos del sueño, como el insomnio, el sonambulismo, los ronquidos o la apnea. Estudios destinados a buscar medidas correctoras y terapéuticas para estos males, han demostrado que una elevada proporción de niños obesos presenta una disminución en las horas de sueño, ya sea por pasar muchas horas delante del televisor, ordenador o videoconsola o por presentar algún tipo de trastorno de sueño como los ya mencionados.

Las últimas investigaciones “han demostrado que dormir una hora adicional por la noche ayudaría a controlar la obesidad infantil, manteniendo un índice de masa corporal más bajo y estar menos expuestos a la obesidad los cinco años posteriores”. Además se ha constatado también que “sólo una hora de más disminuiría hasta un 36% la posibilidad de que los niños sufran sobrepeso”, apunta la Dra. Empar Lurbe, investigadora de la red consorciada especializada en nefrología pediátrica. Las personas tienden a comer más cuando no duermen bien, aparte de que los trastornos del sueño interfieren con los mecanismos de control del metabolismo que regulan el apetito y los niveles de actividad física. Por tanto, la falta de sueño o su mala calidad deriva en una disminución sustancial del ritmo metabólico y la caída en los grados de ejercicio físico, lo que incide en el acopio de grasa.

2. Dormir poco nos hace escoger mal lo que comemos
Nuevos estudios neurocientíficos realizados con resonancia magnética, revelan que la falta de sueño reduce la capacidad de ciertas regiones del cerebro humano encargadas de tomar decisiones con respecto a la comida que consumimos. Esto podría explicar la estrecha relación entre el insomnio y la obesidad. Científicos del Laboratorio de Sueño y Neuroimagen, de la Universidad de California, estudiaron el comportamiento de 33 adultos sanos después de una noche de sueño normal y tras haber pasado gran parte de una noche en vela. En ambas sesiones, les mostraron distintos alimentos mientras escaneaban su cerebro para determinar cuáles les apetecían más. Así fue como Stephanie Greer y sus colegas comprobaron que el lóbulo frontal, que controla el comportamiento y toma decisiones, funciona “peor” cuando no dormimos bien. Esto nos impide reunir la información necesaria para decidir qué comida es más saludable. No son los centros relacionados con el placer y la recompensa los que hacen que comamos peor cuando no descansamos, sino el cerebro racional, que no procesa todas las señales para tomar decisiones ‘sabias’, aclara Greer.

3. Dormir poco nos hace tomar decisiones arriesgadas
La falta de sueño potencia las decisiones arriesgadas por un exceso de optimismo, según concluye un estudio del Centro Médico de la Universidad de Duke, en Durham, Estados Unidos. Los científicos demostraron que una noche sin dormir produce un aumento de la actividad cerebral en regiones que evalúan los resultados positivos, así como a una menor activación en las áreas cerebrales que procesan los resultados negativos. Como consecuencia, en los experimentos, los individuos que habían sido privados del sueño en el estudio tendían a tomar decisiones que enfatizaban la ganancia económica, y eran menos propensos a elegir aquellas que reducían las pérdidas.

Estudios anteriores habían mostrado que la carencia de sueño deteriora la habilidad para tomar decisiones, pero esta es la primera investigación que revela que la falta de sueño puede cambiar la forma en la que el cerebro estima los valores económicos, independientemente de sus efectos sobre la atención, además de aumentar la sensibilidad a las recompensas positivas. Según Michael Chee, responsable del estudio, “incluso si alguien realiza decisiones financieras muy arriesgadas y sonadas después de una noche normal de sueño, no hay garantías de que esta misma persona no se exponga a un riesgo desafortunado si no ha dormido lo suficiente”. Chee explica que, por ejemplo, existen evidencias empíricas de que el exceso de horas de trabajo en los médicos residentes, conduce a un mayor número de accidentes. “Creo que es fundamental que la sociedad se aferre a los datos generados sobre los efectos perjudiciales de la falta de sueño y valore si debemos continuar haciendo las cosas a la antigua usanza”, concluye el investigador.

4. Dormir poco puede disminuir el efecto de las vacunas
Científicos de la Universidad de Pittsburgh, han demostrado que la falta de descanso puede modificar el efecto de las vacunas e, incluso, hacer que no sirvan de nada. El estudio consistió en el análisis de la respuesta inmunológica tras la vacunación contra el virus de la hepatitis B en personas sanas, de entre cuarenta y sesenta años de edad. Los resultados revelaron que los participantes que dormían menos de seis horas diarias, fabricaban menos anticuerpos en respuesta a la vacuna, y muchos de ellos no quedaban inmunizados tras la misma. “Dormir menos de seis horas diarias conlleva un fuerte riesgo de quedar desprotegido en comparación con aquellos que duermen más de seis horas”, explican los científicos en su estudio.